Las pirámides kushitas de Sudán: racismo, “antirracismo” y manipulación imperialista.

“Lógicamente no es posible someter a la servidumbre a los hombres sin inferiorizarlos parte por parte, y el racismo no es más que la explicación emocional, afectiva, algunas veces intelectual, de esta inferiorización. El racismo salta a la vista porque está, precisamente, en un conjunto característico: el de la explotación desvergonzada de un grupo de hombres por otro que ha llegado a un estadio de desarrollo técnico superior. Debido a esto la opresión militar y económica precede la mayor parte del tiempo, hace posible, legitima, al racismo. La perfección de los medios de producción provoca fatalmente el camuflaje de las técnicas de explotación del hombre, y por consiguiente, de las formas de racismo.” Frantz Fanon

Los estudios del arqueólogo Eudald Carbonell sostienen, que hace 2,5 millones de años se produjo un drástico cambio climático que provocó la desaparición de buena parte de las selvas de la zona Este de África y el surgimiento de la sabana como nuevo ecosistema, esto obligó a los primates a buscar nuevas fuentes de alimento diversificadas, adoptando una dieta omnívora para garantizar su supervivencia y empezar a utilizar utensilios para proveerse de ella y defenderse de otros depredadores. La socialización de la tecnología por parte del género homo sapiens originaría la industria lítica, las primeras fábricas de herramientas de la historia, cuyos restos más antiguos han sido localizados en yacimientos del territorio que ocupa actualmente Etiopía y Sudán. Nuevos cambios climáticos provocaron las primeras migraciones de nuestros antepasados directos desde el Este de África hacia los bosques del Cáucaso y de ahí al resto de Europa y Asia, donde sus características físicas iniciales fueron cambiando progresivamente como resultado de las necesidades de adaptación al medio. El desarrollo cultural como mecanismo de adaptación para sobrevivir está condicionado totalmente por los factores geográficos y ambientales. El etnógrafo Maurice Delafosse en una de sus obras describía como un indígena penetrando en los antiguos bosques selváticos repletos de frutas silvestres, podía alimentarse durante todo un año con un simple mes de trabajo, un clima cálido estable y la falta de necesidades vitales producían un desarrollo cultural más lento, en contraposición a zonas con ambientes más cambiantes que exigen un mayor esfuerzo e ingenio para la adaptación.

A lo largo de los márgenes del rio Nilo, el mayor de África y segundo del mundo con 6.853 kilómetros de longitud, germinarán algunas de las primeras civilizaciones.

De la civilización egipcia se ha escrito mucho, pero pocos saben que es Sudán el país con mayor cantidad de pirámides del mundo (255 descubiertas hasta la fecha), fue en el territorio actual de Sudán donde se desarrolló el reino de Kush (Nubia), los nubios poseían un antiguo reino independiente con importantes yacimientos de oro, herrerías y un floreciente comercio de marfil y ébano, la ambición por el oro llevaría a los egipcios a invadir el territorio en diversas incursiones, que alternarían con tiempos de paz y treguas, hasta que los nubios expulsan a los egipcios recuperando su territorio primero, y conquistando posteriormente todo Egipto, uniéndolo al reino kushita y formando la XXV dinastía, durante cerca de un siglo, dinastía que sería conocida como la de los faraones negros.

El reino de Kush mezclaría la influencia egipcia con la Nubia reflejándola en sus obras arquitectónicas, artísticas y escriptóreas, entre las que sobresalen los templos y las pirámides, estas últimas sufrirían importantes daños al ser dinamitadas 47 de ellas por el buscador de tesoros italiano Giuseppe Ferlini, que hallaría diversas figuras de oro representando a la reina-guerrera kushita, Amanishajeto, de la que se han encontrado inscripciones, grabados y estelas que la mencionan en escritura meroítica, la escritura de Kush posterior a la jeroglífica.

         

Los famosos egiptólogos Karl Richard Lepsius y George A. Reisner, cuyas expediciones y trabajos arqueológicos estaban financiados por los gobiernos colonialistas e imperialistas, intentaron falsificar la narración histórica sobre el reino de Kush y sus hallazgos, blanqueando su legado para que coincidiera con el discurso etnocentrista oficial de la supuesta superioridad de la raza blanca europea, “portadora de la cultura”, que bajo ningún concepto podía admitir que una de las primeras civilizaciones de la historia hubiera sido creada por hombres y mujeres negros, hecho que entorpecería seriamente la estrategia de justificar la ocupación y el saqueo de recursos de los países periféricos, reflejada por dirigentes políticos como el francés Jules Ferry: “Es preciso decir abiertamente que, en efecto, las razas superiores tienen un derecho con respecto a las razas inferiores porque existe un deber para con ellas. Las razas superiores tienen el deber de civilizar a las razas.” Más directo aún fue el británico Cecil Rhodes: “Ayer estuve en el East-End londinense (Barrio de trabajadores) y asistí a una asamblea de parados, al oír allí discursos exaltados, cuya nota dominante era pan…pan…y al reflexionar, de vuelta a casa, sobre lo que había oído, me convencí, más que nunca, de la importancia del imperialismo. La idea que yo acaricio es la solución al problema social: para salvar a los 40 millones de habitantes del Reino Unido de una mortífera guerra civil, nosotros, los políticos coloniales, deberíamos posesionarnos de nuevos territorios, sostengo que somos la primera raza, dentro de la raza blanca, el hombre angloparlante, sea británico, americano, australiano o surafricano, ha demostrado ser el mejor instrumento del Plan Divino, si queréis evitar la guerra civil, debéis convertiros en imperialistas, tenemos que encontrar nuevas tierras a partir de las cuales podamos obtener fácilmente materias primas y al mismo tiempo explotar la mano de obra barata que suponen los nativos de las colonias. Las colonias también proporcionarían una salida para los bienes excedentarios producidos en nuestras fábricas.”

El alemán Lepsius (considerado el padre de la egiptología) sería el director de la campaña arqueológica organizada por el rey de Prusia, que suministraría al Museo egipcio de Berlín con numerosas piezas saqueadas en Egipto y Sudán, sepulcros enteros incluidos que se llevaría por bloques tras dinamitar y destrozar varios monumentos. Lepsius escribió que los antiguos egipcios y nubios habrían pertenecido a una rama de tonalidad ¨rojiza¨ o ¨marrón¨de la raza caucásica, es decir, de la raza blanca, y claramente distinguible de la negroide. Por aquel entonces, los alemanes ocupaban Camerún, Togo, Tanzania y Namibia, dedicados a la explotación de algodón, café, bananas, cobre, etc, que exportaban a Alemania.

Por su parte, el norteamericano George A. Reisner, recogería el testigo de Lepsius años después, opinando que los fundadores de la XXV dinastía pertenecerían a una rama de origen ¨libio-egipcia¨ de piel clara que gobernaban sobre los negros y que posteriormente se habrían mezclado racialmente, lo que habría provocado su decadencia…

Años después, este fraude sería descubierto y denunciado por diversos investigadores, como el senegalés Cheikh Anta Diop, historiador, antropólogo, físico nuclear, y director del laboratorio de radiocarbono de la Universidad de Dakar, en el estudio de las momias, que en su obra Civilización o barbarie: una antropología auténtica, expresaba lo siguiente: “La línea del egiptólogo malintencionado, equipado con una feroz erudición, ha cometido su conocido crimen contra la ciencia, al convertirse en culpable de una falsificación deliberada de la historia de la humanidad. Apoyada por los poderes y gobiernos de los países occidentales, esta ideología, basada en una estafa moral e intelectual, se ganó fácilmente a la verdadera corriente científica desarrollada por un grupo paralelo de egiptólogos de buena voluntad, cuya honestidad intelectual e incluso coraje no pueden enfatizarse lo suficientemente. La nueva ideología egiptológica, nacida en el momento oportuno, reforzó las bases teóricas de la ideología imperialista. Es por eso que fácilmente ahogó la voz de la ciencia, arrojando el velo de la falsificación sobre la verdad histórica. Esta ideología se difundió con la ayuda de una considerable publicidad y se enseñó en todo el mundo, ya que tenía los medios materiales y financieros para su propia propagación, así, el imperialismo, como el cazador prehistórico, primero mató al ser espiritual y culturalmente, antes de intentar eliminarlo físicamente. La negación de la historia y los logros intelectuales de los negros africanos fue cultural, un asesinato mental, que precedió y allanó el camino para su genocidio aquí y allá en el mundo”.

Cheikh Anta Diop

En esta línea son reveladoras las palabras del ex presidente francés Sarkozy durante una visita a Senegal: “El drama de África, es que el hombre africano aún no ha entrado en la historia…”

Actualmente, las potencias occidentales neocolonialistas apoyadas en su alto desarrollo técnico y militar, siguen haciendo todo lo posible con la intención de retrasar o paralizar el desarrollo independiente del Sur global para evitar y neutralizar su competencia, apostando por la vieja estrategia pero de una forma más sutil, e incluso utilizando como método de infiltración un falso antirracismo propagado de forma calculada por sus ongs, fundaciones y “activistas” a sueldo, que sirva para agudizar conflictos interétnicos e interreligiosos, dividir comunidades y potenciar la identidad individual despolitizada frente a la colectividad y la lucha anti imperialista de liberación nacional, con el objetivo de facilitar la implantación de la dictadura de las multinacionales y garantizar las reservas de mano de obra barata

“Para el imperialismo es más importante dominar culturalmente que militarmente. La dominación cultural es más flexible, la más eficaz, la menos costosa. Nuestra tarea consiste en descolonializar nuestra mentalidad.” Thomas Sankara

“Estamos luchando para que nuestros pueblos no vuelvan a ser explotados por los imperialistas, no solo por personas de piel blanca, porque nosotros no confundimos la explotación o a los explotadores con el color de la piel de los hombres; no queremos ninguna explotación en nuestros países, ni siquiera por los negros.” Amílcar Cabral

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