La experiencia socialista de Etiopía

Etiopía es un país africano en cuyo territorio según descubrimientos paleontológicos, se ubica uno de los asentamientos humanos mas antiguos de la Tierra y la única nación que nunca pudo ser colonizada por los europeos a excepción de los 5 años que estuvo bajo la ocupación de la Italia fascista de Mussolini, que previamente había colonizado Eritrea y Somalia y deseaba vengar la humillación de la batalla de Adua de 1896, en la que 7.000 soldados italianos fueron exterminados a manos de los etíopes, tras un intento infructuoso de conquista. En 1974 se produce un golpe de Estado protagonizado por un sector del ejército con el apoyo de los sindicatos y organizaciones populares, que acaba con la monarquía feudal del emperador y fanático religioso Haile Selassie, cuya dictadura había sumido el país en el analfabetismo, el subdesarrollo, la hambruna, e incluso la práctica de la esclavitud en las tierras de los latifundistas.

Emperador Selassie

Tras la proclamación de la República Popular y una serie de purgas ante las pretensiones de algunos altos mandos militares de conservar su antigua hegemonía, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, líder del movimiento DERG, reconduce la situación hacia la organización de un Estado socialista; se nacionaliza la banca y las empresas estratégicas, respetando la pequeña propiedad privada, grandes fábricas textiles y azucareras nacionalizadas pasarán a ser administradas por sindicatos y contarán cada una de ellas con sus propias milicias de defensa, se nacionalizan las minas y las tierras y se redistribuyen fomentando cooperativas agrarias y ganaderas, se emprende una campaña masiva de alfabetización, desplazando a miles de voluntarios técnicos, profesores y estudiantes a las zonas rurales, haciendo que en ocho años el alfabetismo crezca de un 10 a un 63 %, creando consejos populares de educación, producción y defensa, en las ciudades se organizarán los ¨kebeles¨comités populares territoriales similares a los soviets rusos, para el desarrollo de la democracia popular, generando una movilización masiva del pueblo a nivel nacional y una resurrección moral, de lo que hasta entonces era una sociedad inerte, que hará honor al nombre de la capital del país ¨Addis Ababa¨, que en el idioma amárico significa ¨Nueva flor¨.

A partir de entonces, se rompen relaciones con EEUU, expulsando a personal diplomático y militar y se prohíben varias de sus instituciones culturales implantadas en el país, que servían de tapadera para la difusión de propaganda y la captación de agentes, posteriormente se empiezan a firmar tratados de cooperación con la URSS, Cuba, Libia, la República Popular socialista de Yemen del sur, y se prestará apoyo y entrenamiento militar a la guerrilla de la ¨Lanza de la nación¨ del Congreso Nacional Africano, en su lucha contra el apartheid de la Sudáfrica racista.

Presidente Mengistu

Piscina del Hotel Hilton en Addis Ababa, nacionalizado durante la revolución, en el que los trabajadores más productivos (al estilo stajanovista soviético) podían hospedarse durante unas vacaciones pagadas de entre dos semanas y un mes.

Las fuerzas reaccionarias no tardarán en empezar a plantar resistencia organizada al nuevo estado de cosas, con financiación y asesoramiento de EEUU, Inglaterra, Italia, Sudán y Arabia Saudí, esto se materializará en el asesinato de dirigentes sindicales, atentados terroristas contra miembros del gobierno popular, la quema de cosechas y almacenes, el sabotaje a cooperativas, especulación de precios, intentos de golpe de Estado, bloqueo económico internacional de países imperialistas, impidiendo la venta de materias primas o de piezas de repuesto y la instigación de conflictos territoriales y étnicos para fomentar la división y la guerra en la frontera y estrangular al país. En sintonía con esta línea, el príncipe Fadh de Arabia Saudí, se sincerará: “Etiopía debe ser descuartizada y repartida y su revolución ahogada en sangre¨.

Durante una operación anti terrorista en 1983, el oficial de operaciones encubiertas de la CIA, Timothy Wells, sería capturado por las fuerzas de seguridad etíopes, mientras se escondía en un búnker subterráneo excavado debajo de un armario, en una casa de seguridad a las afueras de la capital etíope, tras los interrogatorios, en los que por lo visto salió con el pelo blanco, ¨cantaría¨ las identidades de varios agentes más y de sus colaboradores locales, que serían posteriormente capturados en posesión de armas, documentos y dinero, apareciendo todo ello en primera plana en el periódico de propiedad estatal ¨Ethiopian Herald¨.

Las tensiones nacionalistas, particularmente con los independentistas de Eritrea, que serán armados por las potencias occidentales para cortar la única salida al mar de Etiopía, acabarán desembocando en un prolongada guerra de desgaste, a la que se sumará Somalia, que intentará invadir la región etíope de Ogaden con apoyo norteamericano y saudí, por si esto fuera poco, en 1984 una terrible sequía obligó a la evacuación y reasentamiento de miles de personas a zonas habilitadas por el gobierno, también surgirán distintas guerrillas de mercenarios armadas por Estados Unidos y algunos grupúsculos terroristas izquierdistas, manipulados e infiltrados por el imperialismo, por lo que durante cerca 20 años el pueblo etíope tendrá que hacer frente a una guerra permanente en sus fronteras y en el frente interno que intentaba descuartizar al país. No obstante Etiopía recibirá ayuda de la URSS, Bulgaria, Libia, Corea del Norte, Yemen, la República Democrática Alemana y especialmente Cuba, que durante la invasión somalí enviará una misión militar internacionalista, de la que mas de un centenar de voluntarios caerán en combate, siendo uno de ellos, Orlando Cardoso Villavicencio, hecho prisionero y encarcelado durante 11 años en una prisión somalí.

Orlando Cardoso Villavicencio

Con la llegada a la presidencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas del traidor Mijail Gorvachov, cesa la ayuda al gobierno etíope y por contra empieza a prestar apoyo a los grupos terroristas y las guerrillas secesionistas que intentaban desmembrar el país dirigidas por Occidente. Sobre Gorvachov, el presidente Mengistu dirá: ¨Este mentiroso contrarrevolucionario ha destruido la Unión Soviética y ha dejado el mundo a los estadounidenses. Después de que llegó al poder y comenzó a hablar sobre glasnost y perestroika, le pregunté si eso significaba un cambio en la línea, Gorbachov sonrió: “Camarada Mengistu, no me desviaré del marxismo-leninismo ni un milímetro”. Más tarde, este hipócrita suministró armas a mis enemigos y al mismo tiempo me animó a perseverar. En Etiopía, ya no sabíamos quién era nuestro amigo y quién nuestro enemigo. Gorvachov fue el peor enemigo de nuestra revolución.¨

En 1991 junto a la definitiva caída del bloque socialista en Europa, la experiencia etíope vería su fin, las fuerzas mercenarias consiguen entrar en la capital y Mengistu es derrocado, teniendo que exiliarse en Zimbabwe, mientras el territorio de Eritrea se independizaba definitivamente.

Los medios de propaganda de los países imperialistas y sus ONGs a sueldo como Amnistía Internacional, lanzarían una campaña de demonización del presidente Mengistu, acusándole de genocidio y terrorismo de Estado, un Mengistu que había tenido que sobrevivir a 9 intentos de asesinato y hacer frente a un estado de guerra permanente, rodeado de ejércitos enemigos en las fronteras y grupos terroristas internos, junto a un sabotaje económico internacional asfixiante.

¨Cortamos el cordón umbilical con el imperialismo, tuvimos que organizar al pueblo en unidades de defensa urbana y comités de defensa rural y asociaciones de campesinos para defender el país, el llamado ¨genocidio¨ fue una guerra de defensa de la revolución.¨ Mengistu

Referencias:

    • Valdés Vivó, Raúl. Etiopía: la revolución desconocida. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1977

 



                    
                
	            

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